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El domingo El País publicaba un artículo en el que se relataba cómo el dueño del local Sidrería Casa Parrondo había expulsado de su local a una pareja de chicas por ser visiblemente lesbianas. El artículo merece mucho la pena porque no se limita a recoger el relato de la pareja sin más, también recopila declaraciones de testigos y apreciaciones impagables del individuo propietario del local que lo autodefinen perfectamente.
Pues bien, desde la publicación de esta noticia y su réplica en sitios como dosmanzanas.com, lavozdeasturias y otros, me ha sorprendido más que gratamente detectar que las reacciones se han producido también en las redes sociales.
En apenas dos días, más de 12 personas se han guardado en 11870 la Sidrería Casa Parrondo empleando etiquetas del estilo "no ir", "homofobia" y "discriminación". En sitios como salir.com dos personas han comentado también negativamente el sitio por los mismos motivos y en facebook ya se ha creado un grupo "yo no voy a Casa Parrondo".
Me estremezco al pensar en que ya nada puede ser igual y que de aquí a nada personajes como los de Casa Parrondo pasarán del bravuconeo y la desfachatez a la vergüenza. De momento, a estos individuos les va a costar sudores lavar su imagen. Cualquier persona que lo busque en google obtendrá como primer resultado la ficha del sitio en 11870 y las opiniones de sus usuarios. Hay tantas formas de activismo...










